Lo que AMLO se llevó

Eric Magar
Eric Magar

Profesor del Departamento de Ciencia Política del ITAM

El 1o de julio de 2012 Enrique Peña Nieto (PRI) tuvo una jornada de fábula. No sólo ganó la elección presidencial en México, lo hizo con un margen de siete puntos sobre Andrés M. López Obrador (AMLO), su contrincante más cercano. Obtuvo la pluralidad o mayoría de los votos emitidos en 65 por ciento de los municipios del país y dejó al partido del entonces presidente, Felipe Calderón (PAN), en un vergonzoso y distante tercer lugar con trece puntos de ventaja sobre la candidata oficial.

Seis años después, el panorama no pudo ser más desolador para el otrora ganador y su partido. De los 1,582 municipios que Peña ganó en 2012, su correligionario José A. Meade consiguió ganar solamente 194 (o doce por ciento). El PRI obtuvo apenas nueve diputaciones federales de mayoría, sólo cinco más que su aliado el Partido Verde.

Esta entrada describe una faceta relacionada, pero distinta, de la debacle priista: el éxodo masivo y generalizado de sus votantes hacia MORENA. Si bien desde el año 2000 pudimos ver en algún punto a los tres principales partidos lamer sus heridas desde un distante tercer sitio y/o sufrir importantes reveses en las elecciones legislativas, lo que ocurrió en la elección del 2018 fue más dramático. Cuando la gran mayoría de los votantes de un partido desertan, como le ocurrió al PRI, lo que tenemos enfrente es el colapso de un sistema de partidos.

Para ilustrar la magnitud de este fenómeno en México, replico un ejercicio gráfico publicado por el New York Times. El diario publicó un extraordinario retrato de cómo Trump tiró el mapa electoral de EE.UU. hacia la derecha del espectro en la elección de 2016. Replico dicho mapa con el cómputo distrital de la elección presidencial de 2018 en México.

[Consulta aquí el mapa en .pdf]

El mapa contrasta la votación para presidente en 2018 y en 2012. Reporta los votos de los tres principales candidatos en cada municipio del país que Enrique Peña (PRI) ganó en 2012. Las flechas color marrón indican que la votación de AMLO creció en el municipio—esto es, ganó un porcentaje de votos mayor en 2018 que el que obtuvo en 2012. El tamaño de las flechas es proporcional a la magnitud del crecimiento. No hay flecha marrón en los 41 municipios en cuestión donde AMLO no haya crecido. Las de color azul indican crecimiento de Ricardo Anaya, candidato del Frente (PAN-PRD-MC), respecto de Josefina Vásquez Mota, candidata del PAN en 2012 (y no hay flecha azul en caso de decrecimiento). Y las flechas rojas, que apuntan hacia abajo, indican el fenómeno contrario, es decir, municipios donde Meade decreció comparado con Peña en 2012 (no las hay en los rarísimos casos de crecimiento). Donde Peña no ganó faltan las tres flechas.

Aunque el mapa muestra que hubo municipios donde AMLO y Anaya se repartieron la caída del PRI, es apabullante el número donde el único que creció fue AMLO. Los desertores del PRI en esos municipios migraron en una sola dirección: la del partido de López Obrador.

De la arrogancia en la comunicación durante el sexenio hasta la futil persecución de Ricardo Anaya para bajarlo del segundo lugar en las encuestas, pasando por la nominación de otro tecnócrata, quienes tuvieron las riendas del PRI durante el sexenio y la campaña no pudieron haber hecho las cosas peor. El gigante resultó sí tener pies de barro; su supuesta fortaleza y sabiduría electorales eran otros tantos mitos que vimos colapsarse estrepitosamente. Y con ello se vino abajo la partidocracia que nos trajo la democracia electoral.

Si Morena consigue consolidarse para preservar estos votantes en elecciones venideras habremos sido testigos no solo de una desalineación masiva, sino también de la primera gran realineación electoral desde la fundación del Partido Nacional Revolucionario, antecesor del PRI, en 1929.

 

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