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Candidaturas “sandías” en las elecciones legislativas en México

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Jae-Jae Spoon y Amalia Pulido
Profesora en el Departamento de Ciencia Política de la Universidad de Pittsburgh / Visitante post-doctoral en El Colegio de México y Red de Politólogas

A diferencia de las alianzas electorales en democracias consolidadas, las alianzas electorales en democracias incipientes responden a incentivos oportunistas y no ideológicos. Las alianzas electorales entre el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) son uno de los mejores casos para explicar este comportamiento oportunista.

A diferencia de los partidos pequeños y de los partidos nicho europeos, el PVEM no se comporta como un partido ideológico motivado por una agenda de política pública específica, sino por la maximización de votos, la sobrevivencia en el sistema de partidos y el acceso a financiamiento público.  En este sentido, el PVEM ha desarrollado alianzas electorales desde el 2000. Primero con el Partido Acción Nacional (PAN) y a partir del 2003 con el PRI. A pesar de que estos partidos son completamente opuestos en su ideología y agenda política, han sido socios electorales en las elecciones federales en 811 distritos y en un buen número de procesos electorales subnacionales. Ambos partidos se han beneficiado de estas alianzas electorales: el PRI ha tenido un socio leal en la Cámara que pone a su disposición recursos y votos, mientras que el PVEM ha asegurado su permanencia en el sistema de partidos mexicano con un financiamiento público nada despreciable para un partido de su naturaleza.

Tabla 1. Alianzas PRI-PVEM 2003-2015

Elección

Distritos en alianza

Candidaturas aliancistas del PRI

Candidaturas aliancistas del PVEM

Candidaturas Sandías

2003

97

92

5

1

2006

300

276

24

13

2009

63

57

6

3

2012

198

155

43

25

2015

250

192

58

25

Total

811

680

131

67

Elaboración propia con información del Instituto Nacional Electoral.

¿Qué son los candidaturas “sandías”?

A pesar del beneficio que ambos partidos obtienen al celebrar estas alianzas electorales, encontramos un comportamiento recurrente como parte de un acuerdo informal entre ambos partidos y que es un fenómeno al que denominamos “candidaturas sandías”. Al celebrar una alianza electoral legislativa, los partidos involucrados celebran un acuerdo en el cual se reparten la distribución de asientos para la nominación de candidatos y candidatas en los distritos aliancistas. La estrategia sandía se refiere al mecanismo informal mediante el cual se nominan candidatos priistas en distritos asignados al PVEM para la selección de sus candidaturas. Es decir, los candidatos sandías son verdes por fuera y rojos por dentro. El PVEM pierde la oportunidad de posicionar a un candidato/a propio y le cede estos asientos al PRI para que reparta los asientos entre sus filas. Pero, ¿por qué un partido está dispuesto a perder la oportunidad de seleccionar a sus propios candidatos? ¿cuál es el beneficio de la estrategia “sandía”?

Los beneficios de la estrategia sandía

Una de las principales funciones de los partidos políticos es la selección de candidatos/as. Mediante este proceso de selección los partidos distribuyen incentivos premiando a sus miembros con la nominación a cargos de elección popular. Por ello, dejar la decisión de la selección de candidatos/as a actores externos al partido debiera tener un costo alto para las dirigencias partidistas y también para la militancia. Por ello, el hecho de que el PVEM deje en manos de priístas esta función debe traer beneficios que superan el costo que tiene el perder la oportunidad de posicionar a candidatos verdes. Es decir, la utilidad que puede obtener el PVEM de la estrategia  sandía es mucho mayor al costo que tiene el ceder los asientos y perder la oportunidad de posicionar a un candidato/a propio. Para analizar el efecto que tiene la nominación de estos candidatos en los resultados electorales, codificamos el perfil de los candidatos y candidatas de aquellos asientos que fueron asignados al PVEM como parte de la alianza electoral de los años 2003 al 2015. Identificamos si las candidatas/os tenían una afiliación priísta  antes de su nominación en distritos asignados al PVEM.  Debido a la naturaleza dicotómica de nuestra variable dependiente decidimos estimar una serie de modelos de regresión logística para determinar cuáles son los beneficios electorales de la selección de candidatos sandías.

¿Por qué candidaturas sandías?

Encontramos que la probabilidad de ganar los distritos electorales es mucho mayor cuando el candidato es una sandía. En decir, mientras que la probabilidad de triunfo en distritos en donde los candidatos son miembros del verde es del 4.3%, la probabilidad de triunfo con un candidato sandía es del 47.3%. Esto muestra que esta estrategia maximiza las probabilidades de triunfo de la alianza electoral. Bajo el supuesto de que los incentivos del PRI y del PVEM son meramente oportunistas, esta maniobra es congruente con la naturaleza de la alianza y con los objetivos electorales de estos partidos políticos.

Existen otras explicaciones para entender este comportamiento. En entrevista con algunos candidatos y candidatas sandías, se reveló que esta estrategia incrementa también la visibilidad del Verde en distritos en donde el partido no tienen presencia alguna. Del mismo modo, en algunas de las entrevistas realizadas explicaron que el PVEM obtiene beneficios colaterales en los distritos de representación proporcional (RP), ya que el ceder la nominación de candidatos al PRI se incrementan los votos del PVEM y esto se traduce en un mayor número de asientos de RP. La estrategia sandía no tiene solamente beneficios para el PRI, el cual obtiene más nominaciones que las acordadas formalmente para distribuir entre su militancia, sino que resulta una estrategia racional para perseguir conseguir beneficios políticos e incrementar el financiamiento público del PVEM.

Implicaciones para el sistema de partidos 

Más allá del beneficio electoral y político que tiene la estrategia sandía para el PRI y el PVEM, este tipo de comportamiento tiene serias implicaciones para el sistema de partidos y el rol que juegan los partidos pequeños en democracias en proceso de consolidación. Primero, a diferencia de los partidos pequeños y partidos nicho en democracias consolidadas, en democracias como la mexicana los partidos pequeños no representan a un sector de la sociedad; más bien persiguen sus propios intereses y harán lo que sea necesario para maximizar su oportunidad de triunfo. Sin embargo, esto es posible debido a las lagunas que aún existen en la legislación electoral y que permiten la celebración de acuerdos informales, tales como la nominación de sandías. En este sentido, no sería un caso extraño encontrar este tipo de comportamiento oportunista en otro tipo de coaliciones electorales. La estrategia sandía solo es un botón de muestra de que en algunos casos, sino es que en la mayoría, los partidos políticos mexicanos actúan para asegurar intereses propios dejando de lado la razón de su existencia que es ser el canal que conecta a la ciudadanía con el Estado. El sistema de partidos mexicano seguirá en un estado de inmadurez democrática mientras no se regulen este tipo de maniobras que la legislación electoral permite sin sanción alguna.


[1] En esta investigación solo se consideran las candidaturas de la alianza PRI-PVEM; sin embargo existen casos de este tipo de comportamiento oportunista en otros partidos. Un ejemplo de ello fueron los candidatos/as “cachirules”  quienes triunfaron con una afiliación distinta a la del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) y renunciaron a sus filas de origen para unirse a la bancada de MORENA en las pasadas elecciones en México.    

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