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¿En misión humanitaria? Las fuerzas armadas en operaciones de paz

Nicole Jenne
Nicole Jenne
Doctora (PhD) en Ciencia Política por el Instituto Universitario Europeo, Florencia, Italia. Es profesora asistente en la Pontificia Universidad Católica de Chile e investigadora del Centro de Estudios Asiáticos UC. Red de Politólogas.

Desconocer la realidad militar de las operaciones de paz involucra el peligro de no preparar a los efectivos militares y a la opinión pública para la posibilidad real de bajas.

En septiembre del 2014, la presidencia mexicana dio a conocer su decisión de participar en operaciones de paz bajo el mando de Naciones Unidas. Desde que fueron enviados los primeros efectivos a participar en operaciones de paz en 2015, esta política se ha ido fortaleciendo. Así, el año pasado se inauguró el Centro de Entrenamiento Conjunto de Operaciones de Paz de México (CECOPAM). Casi todos los países latinoamericanos contribuyen con tropas y, en muchos casos, también con policías a las 14 operaciones de paz de Naciones Unidas. Aunque las trayectorias nacionales varían –Venezuela se retiró de operaciones de paz en 2002, mientras que Uruguay ha sido uno de los países que más cascos azules per cápita ha desplegado en el mundo– lo que tienen en común todos los países es que las autoridades políticas suelen presentar a las misiones de paz como misiones humanitarias ante la opinión pública. ¿Es cierto que las fuerzas armadas, cuando se despliegan en operaciones de paz, se conviertan en trabajadores humanitarios? En este post argumento que los cascos azules cumplen, sobre todo, una misión militar. Decir que están en misión humanitaria no solo es incorrecto, sino potencialmente peligroso.

¿Qué tipo de misión?

Las operaciones de paz han experimentado cambios desde que se creó Naciones Unidas en 1945. Durante la Guerra Fría, las operaciones de paz fueron típicamente misiones de observadores en conflictos interestatales, que se desplegaron una vez que existió un alto al fuego. Las misiones contemporáneas responden a conflictos tanto internacionales como internas y tienden a ser multidimensionales. A parte de la dimensión militar, cumplen tareas policiales, asisten a organizar elecciones, buscan crear instituciones y procesos inclusivos, apoyan la justicia transnacional y hasta buscan promover el desarrollo socio-económico.

A pesar de que las operaciones de paz son distintas a la misión militar tradicional de la guerra, el trabajo que cumplen las fuerzas armadas en ellas es fundamentalmente militar

Estos cambios han exigido a los cascos azules mayor flexibilidad y una gama más amplia de capacidades como habilidades de comunicación y negociación. Sin embargo, en sus principios fundamentales las operaciones de paz no han cambiado. Ya en los años 1950, el entonces Secretario General de Naciones Unidas, Dag Hammerskjöld, señaló que las operaciones de paz no son un trabajo para soldados, pero insitió que eran los únicos que lo podían hacer. A pesar de que las operaciones de paz son distintas a la misión militar tradicional de la guerra, Hammersköld reconoció que el trabajo que cumplen las fuerzas armadas en ellas es fundamentalmente militar.

Consideremos el ejemplo de la infraestructura. La sociedad del país receptor de la misión se beneficia de la construcción de carreteras, vías, puentes y edificios, construidos por los ingenieros de ejército. Sin embargo, el objetivo de todo ello no es el de asumir la provisión de infraestructura, sino el crear las condiciones necesarias para que la operación de paz se pueda desplegar de forma segura y eficaz.

Imagen pública

En la imagen pública, las operaciones de paz se suelen representar como operaciones de asistencia humanitaria. Operaciones con fines altruistas que implican riesgos mínimos, operaciones donde no hay daño ni sufrimiento. Las imágenes de los cascos azules en Haití, el Congo, República Centroafricana y otros son imágenes de mujeres soldados con boina azul junto a un niño con ojos sonrientes y agradecidos.

Las operaciones de paz en donde sirvió personal latinoamericano no tuvieron como objetivo la protección del país o de los ciudadanos latinoamericanos. Por eso, la imagen que las autoridades han retratado al público sobre estas misiones fue la de una actividad humanitaria, o incluso de ayuda externa. Según Martin Shaw, los anexos humanitarios al uso de la fuerza son lo que caracteriza la forma occidental contemporánea de hacer la guerra. En estas guerras, el uso de la fuerza militar como medio para lograr fines políticos sigue siendo incuestionable, pero debe ser legitimado dándole un rostro humanitario para obtener la aceptación pública.

Imagen incorrecta

La idea de que las fuerzas armadas desplegadas en operaciones de paz cumplen misiones humanitarias es incorrecta, por dos razones. En primer lugar, no es por nada que los militares representan la gran mayoría de los integrantes en operaciones de paz, ante policías y ante civiles. Las operaciones de paz requieren una serie de trabajos y capacidades que son de carácter netamente militar, como lo son la disuasión ante spoilers disidentes de los acuerdos de paz, el patrullaje, la capacidad de reacción rápida, el habito de funcionar en una cadena de mando estrictamente definido y otros.

En segundo lugar, la imagen de una misión humanitaria se aleja cada vez más de las operaciones de paz contemporáneas, donde el rol de la fuerza se ha vuelto más importante. Por un lado, a diferencia de antes, casi todas las misiones contemporáneas se basan en el Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas que permite el uso de la fuerza. Eso significa, a la vez, que se debilita en principio de la imparcialidad, lo que siempre ha sido unos de los principios claves tanto de las operaciones de paz y más aún, de las misiones humanitarias. También a nivel táctico Naciones Unidas lleva años desarrollando políticas que enfatizan la necesidad de hacer uso de la fuerza para evitar actos genocidas como los de Ruanda, Srebrenica y otras violaciones graves de los derechos humanos que siguen ocurriendo en el Congo y en otros conflictos donde las operaciones de paz no solo mantienen, sino también imponen la paz. Eso no significa que los cascos azules viven enfrentamientos armados todos los días, ni mucho menos que todas las misiones implican situaciones de batallas. Lo que sí nos señala es que se requiere de militares desplegados y desplegadas en operaciones de paz que actúen con precaución militar, diligencia militar y fuerza militar cuando sea necesario.

Los peligros de desconocer la realidad

Presentar a las operaciones de paz como misiones humanitarias es un engaño público que pone en cuestión los principios democráticos de transparencia y provisión de información. El chileno Eduardo Aldunate, quien se desempeñó como primer Comandante Adjunto de la Fuerza en la misión en Haití, donde los países latinoamericanos tuvieron un rol protagónico, relata en su libro Misión En Haití, Con La Mochila Cargada De Esperanza, que detectó una “escasa capacidad de la población chilena para aceptar que en esta misión tuviéramos algún tipo de problemas como bajas o heridos, y más aún, eso también me indicaba que en Chile poco se sabía del ambiente que enfrentaba la tropa en general”.

Los gobiernos pueden verse forzados a retirarse de las operaciones de paz y de sus promesas de participar en ellas producto del espanto público ante un evento no esperado

Desconocer la realidad militar de las operaciones de paz involucra el peligro de no preparar a los efectivos militares y a la opinión pública para la posibilidad real de bajas. Para los militares, este peligro es menor dado que su entrenamiento les familiariza desde temprano con la posibilidad de muerte en acción. Sin embargo, la sociedad puede reaccionar de forma imprevista cuando una operación de paz, percibida como una acción humanitaria con el puro objetivo de ayudar a los ciudadanos de otro país, provoca bajas. Los efectos que puede tener la llegada de los difuntos de operaciones militares en el extranjero son conocidos de la guerra de Estados Unidos en Vietnam, más recientemente en Irak, y de la intervención internacional en Mogadishu, Somalia, a principio de los años 1990. En la misma lógica, los gobiernos pueden verse forzados a retirarse de las operaciones de paz y de sus promesas de participar en ellas producto del espanto público ante un evento no esperado. Las consecuencias negativas de eso caen en Naciones Unidas, que depende de los envíos de tropas de sus países miembros, y en las sociedades afectadas de conflictos donde las operaciones de paz pueden ayudar a la paz.

Hay que recordar que la idea de que las sociedades latinoamericanas no están preparadas para enfrentar la realidad de las operaciones de paz, en donde hay una intersección entre el conflicto violento y la paz, no se basa en pruebas empíricas. Aun así, es ampliamente compartida entre las élites de la región y gran partes del mundo. Los militares latinoamericanos, por otro lado, tienden a igualar el mantenimiento de la paz con el ser soldado, ya que su despliegue en operaciones de paz es lo más cercano a la guerra que ellos practican en su carrera profesional. Vale escucharles cuando hablan de la realidad militar de las operaciones de paz.

 

1 Comment
  1. Las operaciones de paz a veces son el mejor entrenamiento para la guerra que pueden tener las tropas , además de aumentar su cultura general e incluso sus sueldos
    normales en sus países pero lo más importante es que las FFAA. aumentan su prestigio internacional y los países su estatura político-estratégica .-

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