Voto joven 2018

Jesús Aguilar López
Jesús Aguilar López
Profesor del Departamento de Estudios Políticos y de Gobierno de la Universidad de Guanajauto. Miembro del Cuerpo Académico Democracia, Sociedad Civil y Libertades.

¿Cómo votó la juventud mexicana en la elección federal de 2018? Es un lugar común en las opiniones que se vierten en los medios de comunicación decir que el grupo de jóvenes es el mayoritario (y en consecuencia el más importante) en la lista nominal electoral. Se dice con frecuencia que el futuro de la elección está en sus manos. Sin embargo, después de celebrados los comicios, poco o nada se dice de su participación y preferencias partidistas: ¿votaron o se abstuvieron? ¿Por quién votaron?

I. Participación electoral juvenil

El concepto de “jóvenes” es uno de los más complejos de ser definido. Una adecuada conceptualización debería atender al contexto histórico y espacial para no realizar generalizaciones excesivas (por ejemplo, no pasa por las mismas experiencias un joven que vive en una zona metropolitana a un joven que vive en el campo). Cuando se emplea la categoría de “jóvenes” para el análisis electoral se suele tomar como límite inferior los 18 y superior los 29 años.

La relevancia de las y los jóvenes en los procesos electorales mexicanos radica en que efectivamente representan el grupo etario más grande (poco más del 30%), pero más allá de lo cuantitativo, el interés y reto para el análisis es su posición en el ciclo de vida pues están en una etapa de definición de actitudes políticas en las que podrían apoyar el proceso de elección, las instituciones democráticas como los órganos electorales (votando en las elecciones que organizan, por ejemplo), o apoyando en diferentes niveles a los diferentes partidos políticos. Estos elementos constituyen piezas fundamentales de una ciudadanía democrática. ¿Cómo son estas prácticas en los jóvenes mexicanos?

Los más jóvenes (18 años), que recién se integran a la lista nominal votan más, pero, “algo pasa” y cae esta participación, para luego, ya en la etapa madura de los treinta, se experimenta una participación electoral de mayor intensidad.

El Instituto Nacional Electoral ofrece valiosa información para entender el comportamiento de la variable de participación electoral por grupos etarios. Si se observa la Gráfica 1, la constante en los cuatro estudios que se han realizado con base en las listas nominales usadas en las elecciones federales, 2003, 2009, 2012 y 2015, es que los jóvenes son quienes menos participan. Los más jóvenes (18 años), que recién se integran a la lista nominal votan más, pero, “algo pasa” y cae esta participación, para luego, ya en la etapa madura de los treinta, se experimenta una participación electoral de mayor intensidad.

Decir que esto se debe al ciclo de vida de las personas es reducir y obviar muchas explicaciones. Se requieren estudios cuantitativos y cualitativos exhaustivos para profundizar en las motivaciones/desmotivaciones que tiene la ciudadanía para ir (o no) a votar. De igual manera, se debería pensar más respecto a qué pasa antes de los 18 años para que los jóvenes participen más y luego menos en las elecciones: espacios de socialización política, efecto de las campañas electorales, el papel de la educación, la influencia de los padres, y un largo etcétera.

Si bien todavía no se publica el estudio de participación electoral correspondiente al 2018, resulta probable que la tendencia esté más cerca de la línea de la elección presidencial del 2012.

Fuente: elaboración propia con datos del IFE/INE.

Para el caso de la variable sexo (ver Gráfica 2) también hay que subrayar que para todos los años en los que se ha medido la participación electoral: son las mujeres quienes participan más que los hombres. Incluso en los rangos de edad en donde están ubicados los jóvenes, estas diferencias son de las más notorias.

Fuente: elaboración propia con datos del IFE/INE.

Un par de elementos que aportan al entendimiento de la participación electoral es el conocer o no la fecha de la elección (Gráfica 3) y cuando se tomó la decisión de por quién votar (Gráfica 4). Como se puede ver en la Gráfica 3, los jóvenes son quienes tienen el porcentaje menor, por debajo del 50%, en cuanto a conocimiento de la fecha exacta o mes (julio de 2018) en la que se iba a realizar la elección, otros grupos etarios (los adultos) tenían más certeza de cuando sería la elección. Si se relaciona este dato con los bajos índices de participación juvenil analizados por el INE resultan coherentes, claro, aunque no definitorias, para determinar las causas del abstencionismo.

Fuente: Elaborado con datos de Consulta Mitofsky, encuesta levantada entre el 13 y 14 de abril de 2018.

En cuanto el momento en que decidieron por quien votar, la Gráfica 4 muestra un comparativo entre jóvenes y adultos (siempre estará presente la pregunta si en verdad existe un comportamiento diferente entre estos dos grupos). Prácticamente, cuatro de cada diez jóvenes encuestados a la salida de la casilla electoral manifestaron que decidieron por quién votar en el último mes antes de la elección. Para el caso de los adultos fue menor el porcentaje y, más bien, se distinguieron por decidir mucho antes: prácticamente siete de cada diez ya lo habían decidido tres meses o incluso antes de la elección.

Fuente: elaboración propia con datos de encuesta de salida de El Financiero, 1 de julio de 2018.

II. Voto para presidente y diputados

Faltando poco más de dos meses para la elección presidencial la empresa encuestadora Consulta Mitofsky preguntó por preferencias electorales. Para la mayoría de los jóvenes la opción de Andrés Manuel López Orador (MORENA-PT-PES) tenía el mayor porcentaje de preferencias, seguido de Ricardo Anaya, José Antonio Meade, y los dos candidatos independientes con poco porcentaje. Algo a destacar es que para el 17.3% de los jóvenes de 18 y 19 años, resultaba viable votar por Jaime Rodríguez, candidato independiente que se caracterizó en los debates presidenciales por propuestas atípicas como “cortar la mano a delincuentes o crear escuelas militarizadas”. Este porcentaje de apoyo no se observa en ningún otro grupo de edad, de hecho, con excepción de este grupo, Jaime Rodríguez no rebasó el 2% de las preferencias de acuerdo con esta encuesta.

En términos generales también habría que subrayar que, con la excepción señalada, los jóvenes presentaban preferencias similares a la de los adultos. Distinguiéndose en todo caso por ser quienes no sabían (o no contestaban) por quién votar (27.5%).

Fuente: Elaborado con datos de Consulta Mitofsky, encuesta levantada entre el 14 y 14 de abril de 2018.

Los jóvenes votaron mayoritariamente por Andrés Manuel López Obrador, 54%, prácticamente el mismo porcentaje que los adultos.

¿Qué pasó el día de la elección, por quién votaron las y los jóvenes? Los jóvenes votaron mayoritariamente por Andrés Manuel López Obrador, 54%, prácticamente el mismo porcentaje que los adultos. Como ya se mencionó, esto se visualizaba desde dos meses antes, aunque no en está magnitud, dado que uno de cada dos jóvenes que votaron lo hicieron por el candidato de Morena. ¿Qué pasó con el resto? El segundo candidato más votado tanto por jóvenes como por adultos fue Ricardo Anaya, pero recibió apenas el 23%. Por su parte José Antonio Meade apenas recibió el 12% de apoyo de los jóvenes, comparativamente los adultos apoyaron más a este candidato (18%). Para el único candidato independiente que estaba en la boleta electoral los jóvenes lo votaron significativamente más que los adultos, aunque claro, por debajo del 10% (véase Gráfica 6).

Fuente: Elaboración propia con base en la encuesta de salida del 1 de julio de 2018 realizada por El Financiero.

Respecto a la votación para diputados federales, una elección que pudiera contrastar la alta votación que recibió Andrés Manuel López Obrador, se observa en la Gráfica 7 que en todos los grupos de edad el partido más votado fue Morena. En ese sentido, resulta interesante que el voto de los jóvenes es en muchos rasgos similar al de los adultos. Pero, sí se puede apreciar que en este caso el voto joven no rebasa el 50% de apoyo a Morena, aunque sí se acercó al 40%, notoriamente más que el apoyo que recibieron otros partidos políticos.

Fuente: Elaboración propia con base en la encuesta de salida del 1 de julio de 2018 realizada por El Financiero.

III. A manera de cierre

Finalmente, se expone la variable de la identificación partidaria, que puede ser muy útil para entender hasta qué grado la ciudadanía apoya a un partido político. Una identidad partidaria fuerte significa que existe un lazo afectivo con un partido político que puede perdurar en el tiempo, es decir, representa apoyo no sólo en el presente sino incluso en futuras elecciones.

De acuerdo con los resultados del periódico El Financiero, en su encuesta de salida del 1 de julio, los adultos se identificaron más con los partidos políticos (como señala la literatura clásica en el tema). Morena recibió el mayor porcentaje de identificados: 22% de los jóvenes se identifican con Morena (sumando Muy y Algo morenista). El PRI tiene el 10% y el PAN el 11%.

Resulta valioso detenerse en el hecho de que el porcentaje de identificación no corresponde al de votación, particularmente en el caso de Morena, ¿de quién recibió el voto? La respuesta está en los independientes, es decir, en quienes no se identifican con ningún partido político. El 51% de los jóvenes votantes declaró no identificarse con ningún partido político. La mitad de estos jóvenes podrían en el futuro variar sus preferencias partidistas, pues el supuesto es que se guían por otros referentes como las propuestas, el candidato(a), la evaluación de sus condiciones de vida, entre otros elementos, pero no se sienten cercanos o comprometidos a apoyar a un partido político en particular.

Fuente: Elaboración propia con base en la encuesta de salida del 1 de julio de 2018 realizada por El Financiero.

El comportamiento electoral de los jóvenes de acuerdo con los hallazgos mostrados en este trabajo, y en otras investigaciones, se puede caracterizar por la apatía hacia los procesos electorales, es decir, una participación que no supera a otros grupos etarios. Pese a ello, los jóvenes al paso de los años acuden a votar, es decir, no se estacionan en el abstencionismo (algo que sí pondría en riesgo los procesos electorales y la vitalidad de la democracia). Asimismo, se observa un impacto relativo en los resultados electorales, en el sentido de que no existe un fuerte contraste con las pautas electorales de los adultos: esto habla de la gran influencia que (aún) tiene el mundo adulto hacia los jóvenes.

Lo más distintivo del comportamiento electoral de los jóvenes es que en su mayoría aún no afianzan una identidad partidaria, lo que los hace propensos a la volatilidad electoral en sus preferencias. Todo ello obliga a seguir observando y analizando la actuación de los jóvenes para entender cada vez más sus pautas y prácticas electorales y con ello entender mejor los cambios políticos que experimenta la democracia mexicana.

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