“Abrazos, no balazos”: ¿Cómo puede AMLO conseguir apoyo popular para un cambio en la política de seguridad mexicana?

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Juan Masullo y Davide Morisi
Juan Masullo es Lecturer en el Departamento de Ciencia Política y Relaciones Internacionales en la Universidad de Oxford. Davide Morisi es Profesor Asistente en el Departamento de Ciencia Política en el Colegio Carlo Alberto en Turín.

* Este post fue originalmente publicado en inglés en Political Violence @ a Glance el 18 de octubre de 2018. Su contenido ha sido traducido al español, pero no actualizado a la luz de los hechos acaecidos después de su fecha de publicación.

La misma noche en que Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ganó las elecciones anunció un cambio radical en la política de seguridad del país. “La estrategia fallida contra el crimen y la violencia cambiará”, anotó refiriéndose a la estrategia de militarizar la seguridad pública a la que le viene apostando el país desde la administración del expresidente Calderón en 2006. Declarando que lo que México necesita son abrazos y no balazos, AMLO dejó clara su intención de ponerle fin a la “guerra contra las drogas” y de devolverle las tareas de seguridad a un cuerpo de policía civil, profesional y bien entrenado. ¿Podrá el nuevo presidente convencer a los mexicanos de que estarán más seguros una vez que los militares se retiren de las calles?

Desmontar la militarización de la seguridad no será una tarea sencilla. Sectores importantes del gobierno federal insisten que la militarización ha sido efectiva y en diciembre de 2017 el Congreso aprobó una ley para “institucionalizar” el papel del Ejército en la lucha contra el crimen organizado. Aún más, mientras organizaciones de la sociedad civil como México Unido Contra la Delincuencia (MUCD) abiertamente se oponen a la militarización, el ejército es aún una de las instituciones del país que genera más confianza entre los mexicanos. Datos de 2017 del Proyecto de Opinión Publica de América Latina (LAPOP) muestran que cerca de dos tercios de la población mexicana tiene una confianza “alta” en las Fuerzas Armadas.

La coexistencia de altos niveles de violencia y un apoyo amplio a la militarización no es un asunto fácil de entender. Por un lado, aquellos que apoyan la militarización sostienen (algunas veces de manera implícita) que el fin último de las operaciones militares (esto es, apaciguar el crimen) justifica que en ocasiones se sacrifiquen vidas humanas en el proceso. Por el otro, quienes se oponen a esta estrategia señalan que no existe fin alguno que justifique terminar con vidas humanas.

¿Qué piensan los mexicanos al respecto?

En un estudio (aún en curso) buscamos precisamente entender los factores que hacen que los mexicanos apoyen o no la militarización de la seguridad. Para ello, junto con el laboratorio UECS del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), hicimos un experimento con cerca de 700 mexicanos, jóvenes y educados, residentes de tres ciudades diferentes del país. En este, nuestros participantes leyeron una corta viñeta que describía una operación militar exitosa – ficticia, aunque realista – contra un capo importante de la droga. La viñeta era idéntica para todos, pero para algunos señalaba que la operación involucró victimas, personas relacionas con cartel (guardaespaldas del capo) o civiles que por casualidad se encontraban en el lugar. A su vez, después de la viñeta, algunos participantes leyeron un argumento a favor de las operaciones militares y otros uno en contra. Luego preguntamos a todos qué tanto apoyaban este tipo de operaciones militares y qué tan efectivas consideraban que éstas eran.

Nuestros hallazgos muestran que el apoyo de la ciudadanía a las operaciones militares contra el crimen organizado – incluso cuando estas son exitosas – es considerablemente menor cuando éstas tienen costos humanos (es decir, cuando gente muere en el operativo). Esto era de esperarse. Sin embargo, nuestros resultados también señalan que el apoyo disminuye solo cuando las victimas son civiles (es decir, personas no relacionadas con los carteles). Además, el estudio muestra que argumentos que justifican las operaciones militares resaltando la importancia de acabar con el crimen organizado no afectan la opinión negativa que las personas tienen de estas operaciones cuando estas afectan a la población civil.

El hecho de que mueran civiles no altera si los mexicanos consideran estas operaciones efectivas o no. Los participantes evaluaron efectiva la operación ficticia incluso cuando implicaba la pérdida de vidas de personas no relacionadas con los carteles. Sin embargo, la evaluación de los participantes fue menos positiva cuando se les presentó con un argumento resaltando que la “vida es sagrada”. Es decir, argumentos de corte moral que resaltan el valor primordial de la vida parecen tener el poder de persuadir a las personas de que la militarización no es una estrategia efectiva para combatir el crimen inclusive cuando los objetivos declarados (en este caso, neutralizar a un capo de la droga) son alcanzados.

Gráfico 1. Efectos de costos humanos y argumentos en pro y contra en opiniones (actitudes?) sobre la militarización

Nota. Las líneas verticales corresponden a intervalos de confianza de 90%.

Lo tarea que tiene AMLO por delante

AMLO asumirá el poder el primero de diciembre de 2018. Es decir, tiene menos de dos meses para diseñar su nuevo plan de seguridad y asegurar el apoyo de los ciudadanos – una tarea en la que ya está mediante sus “foros de pacificación”. Nuestra investigación sugiere que, para conseguir el apoyo necesario para una eventual desmilitarización, una narrativa social que resalte los costos humanos de la militarización y el valor moral de respetar la vida será un ingrediente clave. Citar cifras de cuántas personas han muerto en el país desde que se adoptó la “mano dura”, como lo han hecho varias organizaciones de derechos humanos, puede no resultar suficiente para crear la legitimidad social que un cambio de rumbo en materia de seguridad requiere. Nuestros resultados muestran que la nueva administración podría arrastrar una buena dosis de apoyo popular puntualizado que la mayoría de las víctimas nada tienen que ver con el crimen organizado, así como recordando e insistiendo que el valor de la vida es sagrado.


*Los autores agradecen a la Unidad de Experimentación del CIDE por su apoyo y financiación para este proyecto y a Alberto Guevara y Mariano Sánchez-Talanquer por sus valiosos comentarios. Una versión ampliada del experimento se replicó recientemente con una muestra representativa de la población mexicana. Estén pendientes de un próximo post con los resultados de este segundo estudio.

 

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