Ciencias sociales en el sur

Gerardo L. Munck
Gerardo L. Munck

Professor de Relaciones Internacionales y Ciencia Política, University of Southern California

¿Qué deberían hacer los cientistas sociales latinoamericanos para contribuir a las ciencias sociales hoy? Para responder a esta pregunta, es necesario abordar ciertas cuestiones clásicas acerca de la producción de conocimiento y formular soluciones ajustadas a los retos actuales de las ciencias sociales en el sur.

Las ciencias sociales se han visto seriamente afectadas por el tan proclamado proceso de globalización. Los científicos sociales de todo el mundo ya tienen acceso a los mismos libros, artículos e incluso datos. Se pueden comunicar instantáneamente con mucha facilidad. Muchos viajan a conferencias que son verdaderas reuniones internacionales. La idea de comunidades de investigación transnacionales no es descabellada. Sin embargo, los científicos sociales viven y trabajan en sociedades distintas. Y el dominio del norte, y los Estados Unidos en particular, en las ciencias sociales, es indiscutible. Por lo tanto, ¿qué deberían hacer los cientistas sociales basados en América Latina para contribuir a las ciencias sociales y no convertirse en simples importadores de ideas producidas en el norte?

LA PROBLEMÁTICA DE LA DEPENDENCIA

El punto de entrada a esta discusión puede formularse en términos de la problemática clásica de la dependencia. Por un lado, está claro que las reglas del juego de las ciencias sociales globales son decididas en, e impuestas por, el norte. Y un efecto de la aplicación de estas reglas es que casi ineludiblemente las revistas y editoriales más prestigiosas del norte, todas ellas publicando trabajos exclusivamente en inglés, rechacen cualquier “paper” o “book manuscript” que tenga un “acento extranjero.” Esto es, para entrar en este mercado el cientista social en el sur tiene que ajustarse a estas reglas, sabiendo que estas pueden ser cambiadas por los cientistas sociales del norte y que pueden ser aplicadas de forma despareja, en perjuicio de los cientistas sociales del sur. Por lo tanto, apostar por entrar en el mercado de las ideas del norte conlleva un riesgo grande de perder control de la agenda, de terminar trabajando en preguntas que solo son consideradas importantes por académicos en el norte y de pensar dentro de un paradigma creado afuera de América Latina.

Por el otro lado, aunque la opción de la autarquía, con su mirada hacia adentro, podría parecer atractiva, aislarse del mundo no ofrece una salida al problema. En el conocimiento, como en la economía, no deberían desperdiciarse oportunidades para aprender de los avances en el norte. Y vale la pena recordar que los pensadores latinoamericanos que han contribuido a pensar a América Latina desde adentro, y que han contribuido a las ciencias sociales desde una perspectiva latinoamericana, siempre han estado en diálogo con ideas producidas afuera de la región. Por cierto, los usos de las ideas de afuera han sido materia de debate, como nos muestran los trabajos de historia intelectual de Eduardo Devés Valdés y Maristella Svampa. Pero una característica común de los grandes pensadores es que han usado pero no han copiado ideas, o seguido modas intelectuales, del norte.

Por lo tanto, la pregunta que debería plantearse no es si los académicos latinoamericanos deberían involucrarse con las ideas y con sus pares del norte, sino cómo pueden hacerlo productiva y benéficamente, en las circunstancias actuales del comienzo del siglo XXI. Y para encontrar respuestas constructivas—que aprovechen los espacios existentes para fortalecer a las ciencias sociales en América Latina—es necesario confrontar las siguientes cuestiones.

COMO APROVECHAR LAS VENTAJAS PERIFÉRICAS

Hay desventajas de trabajar en torres de marfil de universidades ricas que la gente supone son los centros de la creatividad. Asimismo, hay beneficios potenciales de trabajar en la periferia. Los estudiosos que trabajan en las periferias de las disciplinas pueden estar más abiertos a diversas influencias y estar mejor posicionados para detectar combinaciones originales basándose en fuentes de inspiración internas y externas. También es una ventaja estar más cerca del objeto de estudio y donde las apuestas de investigación pueden ser más obvias. Pero apropiarse selectivamente de las ideas útiles no es nada fácil. Y, para conseguir que las investigaciones sobre temas que son obviamente importantes para latinoamericanos sean tomadas seriamente por cientistas sociales afuera de la región, se necesita superar el etnocentrismo, entendido acá como la idea que los parámetros de pensamiento usados en el norte no pueden ser cuestionados y deberían usarse para evaluar las investigaciones en todas partes del mundo. Cómo aprovechar las ventajas periféricas, hacer contribuciones al conocimiento y que estas contribuciones sean reconocidas, es una cuestión que merece una discusión seria.

COMO INSTITUCIONALIZAR CARRERAS ORIENTADAS A LA INVESTIGACIÓN

En todos lados, la producción de conocimiento es un proceso mental que depende de la curiosidad, la creatividad, la determinación y la disciplina de los estudiosos. Sin embargo, las avances en el conocimiento requieren ciertas condiciones de trabajo—una cierta estabilidad labor y ciertas condiciones económicas—para que un investigador pueda dedicarse a la investigación, y para que exista una masa crítica de estudiosos. El nivel y el modelo de financiamiento para las ciencias sociales varían considerablemente en América Latina. Sin embargo, las condiciones económicas de los investigadores que trabajan en América Latina son, con pocas excepciones, un impedimento considerable a la investigación sostenida. Y no existe una comunidad lo suficientemente grande como para generar y mantener un entorno creativo que se refuerce a sí mismo. Lograr un nivel adecuado de financiamiento que pudiera mantener a una amplia comunidad de académicos en América Latina es un reto central. Y esta es una responsabilidad de los Estados.

COMO MANEJAR EL NEXO POLÍTICA-INVESTIGACIÓN

Otra cuestión que amerita consideración es el lazo entre política e investigación. La academia politizada, sumamente ideológica y más tendiente a tomar una posición política que a impulsar el conocimiento, sigue teniendo un papel importante en muchas universidades latinoamericanas. Pero el modelo de la academia profesional—y crecientemente sujeta a los criterios del mercado—que ejemplifica los Estados Unidos también tiene sus defectos. Todas las universidades, y en especial las públicas, desempeñan un papel en la formación de los ciudadanos y deberían ofrecer foros para el debate político. Además, la motivación política es importante y legítima en la investigación académica. En suma, no hay una contradicción inherente entre parcialidad política y objetividad científica, ni es una cualidad deseable en un científico social el desinterés político. Sin embargo, cómo manejar el nexo política-investigación, sin caer en los extremos de una vida académica desconectada de las pasiones políticas, por un lado, y de tratar a la investigación como “política por otros medios,” por el otro, sigue siendo un reto que pocos han conseguido resolver.

COMO CONSTRUIR UN PENSAMIENTO PROPIO

Desde la creación de las ciencias sociales, existe una tendencia a ver a América Latina desde afuera de la región y, más específicamente, a ver a América Latina del punto de vista de teorías sociales y políticas supuestamente universales aunque son derivadas del estudio de Europa y Estados Unidos. Esta forma de pensar es muy nociva. Lleva a priorizar ciertas cuestiones y a tratarlos como problemas cuando no lo son necesariamente, y a invisibilizar otras cuestiones y no tratarlos como problemas cuando lo son. Lleva también a la propuesta de soluciones a problemas que podrían no ajustarse a las realidades de América Latina y podrían hasta tener efectos contraproducentes. Sin embargo, esta forma de pensar sigue reproduciéndose, y ejerce una fuerte influencia en el pensamiento sobre América Latina. Por lo tanto, rechazar, y hasta en términos fuertes, esta forma de pensar, es justificado. Construir un pensamiento propio debería considerarse como central a la misión de las ciencias sociales de la región y debería ser un criterio clave en la evaluación de la producción académica.

Estas cuestiones son clásicas. Y para abordarlas es útil sacar lecciones del ejemplo de intelectuales que, en el pasado, han contribuido al pensamiento social y político latinoamericano. Pero los tiempos cambian. Nuevas generaciones toman responsabilidades en el manejo de universidades. Y nuevas generaciones—los jóvenes—buscan insertarse en el mundo laboral universitario. Por lo tanto, es necesario volver a discutirlas y buscar soluciones ajustadas a los retos actuales de las ciencias sociales en el sur.

Estas soluciones seguramente variarán de país en país en la región. Cada país tiene sus tradiciones y es importante construir, por lo menos en parte, sobre la base de esas tradiciones. Por eso, esta breve nota hace poco más que sugerir algunas cuestiones para la discusión—por cierto esta nota no pretende ser exhaustivo—y, a lo sumo, advertir sobre algunos errores que hay que evitar y algunas opciones que convendría priorizar. La tarea de encaminar este debate necesario—pues, si no se debate qué hacer acerca de las ciencias sociales, seguramente prevalecerán modelos problemáticos—le toca a los intelectuales de cada país en la región.


Munck, Gerardo L., y Richard Snyder. 2019. “La política comparada en la encrucijada: problemas, oportunidades y perspectivas desde el norte y el sur.” Política y Gobierno Vol. 26, Nº 1: 139-58

 

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